Sociocriticism

Penser l’ar(t)chive queer/cuir // Pensar el ar(t)chivo queer/cuir  |  

[Sommaire du numéro]

Facundo Saxe

Un archivo de disturbios sexo-subversivos-anales-contra-vitales: derivas teóricas hacia una cartografía posible y multidireccional de la categoría disidencias sexuales

Résumé

Cet article offre une série de réflexions sur la construction de connaissances scientifiques depuis des lieux contre-hégémoniques et subalternes. À partir de la possibilité de penser une archive de lectures depuis la subversion sexuelle, un voyage incomplet et chaotique à travers la catégorie de dissidence sexuelle est proposé pour repenser les significations temporelles et géopolitiques comme partie intégrante d'un système de chaos multidirectionnel et transtemporel. Pour cela, l’article cherche à croiser les contributions politiques, militantes et théoriques de Gloria Anzaldúa, Jacques Derrida et valeria flores, entre autres. Ces croisements théoriques nous permettront de penser une série d'occurrences de la dissidence sexuelle depuis une perspective propre à l'archive queer/cuir et une lecture sexo-dissidente comme possibilités de construire un savoir situé. Ce texte considère par ailleurs la dissidence sexo-générique comme un système de perturbations qui renversent l'ordre cis-hétéro-normé du binarisme sexo-générique; système contre-hégémonique qui met en tension la fiction de la normalité humaine. En dialogue avec certaines notions théoriques liées à la pensée dissidente et aux théorisations queer/cuir, l’article entend construire une première carte transgéographique et transtemporelle des occurrences/versions de la supposée catégorie "dissidence sexuelle" dans différents lieux et à différents moments. L'objectif principal est de proposer une dérive cartographique (approximative, initiale, incomplète et toujours en cours) qui construise une ligne généalogique pour penser de manière contre-normative la dissidence sexo-générique.

Abstract

This paper makes a series of reflections on the construction of scientific knowledge from counter-hegemonic and subaltern places. From an archive of readings in a subversive sexual enunciation, an incomplete and chaotic journey of the category of sexual dissent is made. That seeks to rethink the temporal and geopolitical senses as part of a multidirectional and transtemporal chaos system.For this, i'm going to use activist and theoretical contributions of Gloria Anzaldúa, Jacques Derrida, valeria flores, among others. These theoretical crossings will allow us to think of a series of occurrences of sexual dissent from a perspective linked to the queer/cuir archive and sex-dissent reading as possibilities of constructing situated knowledge. Likewise, this text thinks of sex-generic dissidence as a system of disturbances that subvert the cis-hetero-norm order of sex-generic binarism. This counter-hegemonic system confronts and stresses what is established as a human vital fiction of normalcy. Through the approach of some theoretical notions linked to sex-dissent thinking and queer/cuir theorizations, it is intended to build an initial transgeographic and transtemporal map of apparitions/versions of the supposed category "sexual dissidence" in different spaces and moments. The main idea is to develop a cartographic drift (approximate, initial, incomplete and always in process) that builds a genealogical line to think sexual dissent.

Resumen

Este artículo realiza una serie de reflexiones en torno a la construcción de conocimiento científico desde lugares contra-hegemónicos y subalternos. A partir de la posibilidad de pensar un archivo de lecturas desde la enunciación sexo-subversiva se realiza un recorrido incompleto y caótico de la categoría disidencias sexuales para repensar los sentidos temporales y geopolíticos como parte de un sistema de caos multidireccional y transtemporal. Para ello se buscan cruzar aportes políticos, activistas y teóricos de Gloria Anzaldúa, Jacques Derrida, valeria flores, entre otrxs. Estos cruces teóricos van a permitir pensar una serie de apariciones de la disidencia sexual desde una perspectiva vinculada al archivo queer/cuir y a la lectura sexo-disidente como posibilidades de construcción del conocimiento situado. Asimismo, este texto piensa las disidencias sexo-genéricas como un sistema de disturbios que subvierten el orden cis-hetero-normado del binarismo sexo-genérico; este sistema contra-hegemónico confronta y tensiona con lo que se instaura como ficción vital humana de normalidad. Mediante el abordaje de algunas nociones teóricas vinculadas al pensamiento sexo-disidente y las teorizaciones queer/cuir, se pretende construir un mapa inicial transgeográfico y transtemporal de apariciones/versiones de la supuesta categoría “disidencias sexuales” en distintos espacios y momentos. La idea principal es desarrollar una deriva cartográfica (aproximada, inicial, incompleta y siempre en proceso) que construya una línea genealógica para pensar de un modo contra-normativo la disidencia sexo-genérica.

Texte intégral

Primera deriva: escritura, lectura, caos

1Este artículo se posiciona en torno a la posibilidad de producir lecturas críticas desde la subversión sexual como modalidad de (re)pensar las formas de enunciación en el cisheteropatriarcado. Para esto articularé un recorrido que se vincula a nociones reflexivas y teóricas como memoria, recuerdo, enunciación y autohistoria (Anzaldúa, 1987), que buscan proponer la lectura desde la disidencia sexual como un dispositivo de teorización sexo-subversivo que resultaría contaminante para un sistema cultural cisheteropatriarcal. Esta formulación pretende confrontar los discursos que buscan disciplinar, reprimir y exterminar la visibilidad teórico-política sexo-disidente como herramienta de posicionamiento en contra de los mecanismos conservadores y las dinámicas de la corrección política de un sistema cultural y político. Para esto, me interesa construir una serie de derivas textuales que piensan la construcción del conocimiento. Porque, si pensamos la lectura y el saber desde la disidencia sexual, ¿cómo construimos conocimiento desde un sistema de producción cisheteronormado? ¿cómo construimos conocimiento con un lenguaje atravesado por la dominación cisheteropatriarcal? ¿cómo pensar una lengua subversiva para construir conocimiento desde la disidencia sexual? Entonces, me interesa construir una deriva textual a partir de esas preguntas y cruzarlas con la lectura caótica y ciertas formas del archivo. Me refiero al caos como modalidad de lectura para pensar esta deriva textual y su posicionamiento político teórico, en diálogo con la idea de una suerte de archivo caótico, caprichoso y personal que se disemina en el texto. Con esto no se pretende construir una lógica del caos absoluto ni una propuesta académica ni estética, más bien se ubica en una perspectiva del fracaso queer (Halberstam, 2011). En esa línea, no se trata de basar el texto en una idea del caos, sino de trazar una cartografía que en sí misma es un caos. De ahí que esta deriva (que es sólo una entre muchas posibles, sin ningún tipo de rango jerárquico ni legitimador, o por lo menos no pretende articularse en torno a esas cuestiones) se enuncie desde una perspectiva caótica que se construye como una deriva-archivo del caos. En ese sentido, me interesa pensar la lectura como práctica que puede ser una forma de situarnos y recuperar eso que nunca fue enunciado: en otras palabras, leer como modalidad subversiva de “aterrorizar” al canon cisheteropatriarcal, porque, me pregunto, al igual que la investigadora lesbiana no binaria Canela Gavrila:

¿cómo leemos les desviades? ¿Cómo torcemos los textos? ¿Cómo desordenamos los relatos canónicos? ¿Cómo interferimos los dogmas cuir metropolitanos del norte? ¿Cómo nos encontramos con las mostras cuir del sur? ¿Dónde? ¿Quién nos circula? ¿Quién nos convoca a la escritura? ¿Quién nos lee y a quien leemos? Básicamente no puedo dejar de pensar ¿para qué leemos? y si ¿me descolonizan los textos o los descolonizo yo? ¿Cómo hacemos esas operaciones? (Gavrila, 2018, s/p).

2No pretendo que esta deriva responda preguntas si no más bien poder seguir pensando interrogantes y modalidades de lectura desde la disidencia sexual. Asimismo, me interesa retomar la idea de archivo desde la textualidad, como un archivo de lecturas pensadas desde el lugar o los lugares que la moral cisheteropatriarcal no soporta como forma visible de habitar el mundo, lo que podríamos llamar un archivo de lecturas torcidas. Por supuesto, la idea de torcer no se trata de una novedad. La lectura torcida como posibilidad de las disidencias sexuales tiene su historia y ha construido trayectorias e identificaciones como la Teoría torcida (1998) de Ricardo Llamas. En el uso de este artículo no se trata de torcer el texto o el diálogo que se pueda establecer, sino más bien torcer la idea de lectura, torcer la lectura al realizar la misma desde un posicionamiento sexo-disidente, de ahí que no es una torcedura textual o de la lengua, sino una torsión del recorrido de lecturas, del archivo caótico y subjetivo de lecturas que aparecen torcidas en sí mismas al plasmarse en una constelación incompleta y fracasada. Esta constelación tampoco pretende definirse como una serie de puntos que se encuentran en diálogo, sino diseminar en el texto el caos de ocurrencias y apariciones de la disidencia sexual que emergen en una posible lectura (incompleta) producida desde las disidencias sexuales. Respecto a la noción de archivo refiere al desarrollo de Derrida para pensar conceptos como el archivo psíquico, para considerar el archivo como una forma de construcción asociada al caos y a la subjetividad personal y la trayectoria vital. En ese sentido, leo el libro Mal de archivo (1995) de Derrida como parte de una constelación-red de textos teóricos y políticos que piensan la disidencia sexual.

3Creo que pensar la lectura torcida, desde la disidencia sexual, en relación con la constelación-archivo de derivas lectoras caóticas, puede funcionar como una modalidad de pensar la producción textual de conocimiento desde posicionamientos contra-hegemónicos, subalternos y subversivos de la heteronorma. En ese sentido, en este texto, creo que es importante pensar (y desde mi propia enunciación crítica marica)1 cómo y desde dónde leemos las disidencias sexo-genéricas. Y en esa misma línea pienso otro interrogante, sin la pretensión de construir una solución o una respuesta totalizadora, ¿cómo construyo conocimiento desde la disidencia sexual (y no meramente sobre la disidencia sexual) sin volver a construir un nuevo sistema de valores y jerarquías disciplinadoras en la producción de saberes? ¿cómo invento mi propia lengua? ¿cómo leo, parafraseando a Audre Lorde, con la lengua opresiva del amo? ¿cómo la cambio, la deformo, la muto, la vuelvo subversiva? ¿qué archivos de lecturas torcidas nos llevan a pensar nuestro presente y la posibilidad de enunciaciones sexo-disidentes? Y si pensamos las disidencias sexuales como una red, una constelación, un sistema de disturbios sexo-subversivos, ¿qué momentos o apariciones dentro de ese sistema han dado lugar a la subversión sexo-genérica? ¿cómo son los archivos torcidos colectivos, pero también los personales que nos permiten resistir en el cisheteropatriarcado? Quiero pensar las disidencias sexuales como un sistema de disturbios que atenta contra la idea de ficción de vida exitosa del régimen heterosexual, un sistema contra-vital articulado desde una perspectiva anal (Preciado, 2009; Saxe, 2019). Este sistema de disturbios sexo-subversivo-contra-vital-anal es mi propuesta para pensar las disidencias sexuales como parte de un sistema que produce conocimiento desde la subversión sexo-genérica (y desde posiciones subalternas y marginales) que tendría diferentes momentos y apariciones. Para pensar este sistema desde una perspectiva anal, considero importante sumar la idea de caos como una modalidad de enunciación desde la disidencia sexual. En otras palabras, el orden y el éxito, tal cual se enuncian en un sistema heteronormado, no son variantes que vaya a utilizar en esta deriva textual. Si pensamos desde este archivo caótico y personal de lecturas sexo-subversivas, quizás si enunciamos y habitamos la lengua, podemos construir un caos genealógico de lecturas. En ese sentido, me interesa pensar específicamente la disidencia sexual y un recorrido, una visión posible de estas palabras, de esta categoría, en relación con una forma de pensar los sentidos temporales y geopolíticos como parte de un sistema de caos multidireccional y transtemporal de apariciones de la subversión sexo-genérica. Quiero decir con esto que, para pensar las disidencias sexuales como ese sistema de disturbios, creo que se puede construir una constelación de apariciones textuales, de lecturas torcidas, vinculadas a la disidencia sexual y sus múltiples versiones y contradicciones. Y no se trata de construir una constelación de apariciones que sean analizadas como objetos, más bien me interesa pensar la lectura situada, fracasada, momentánea, como una forma de archivo fugaz que aparece en la posibilidad de leer desde (y no sobre) las disidencias sexo-genéricas. En la suma de esa red de definiciones, un archivo de apariciones vinculadas a la lectura y a la deriva lectora desde la disidencia sexual, quizás se puede materializar de forma textual ese sistema de disturbios sexo-subversivo-contra-vital-anal.

Segunda deriva: disidencias sexuales y constelaciones

4Como señalaba, quiero pensar las teorizaciones que subvierten los órdenes genéricos cis-hetero-normados de forma situada en una aquí y ahora y como parte de un sistema multidireccional de pensamiento sexo-disidente que me gustaría llamar sistema de disturbios sexo-subversivos-contra-vitales-anales, una forma de resistencia o interrupción al capitalismo mundial integrado cisheteropatriarcal, una “red viva descentralizada” (Preciado, 2013, p. 13). De ahí que no piense tanto las trayectorias como direccionalidades en un solo sentido o proyecciones de un lugar a otro, si no como simultaneidades y retroalimentaciones. Esto no implica perder las diferencias o construir un falso universalismo sexo-disidente. En ese sentido, por ejemplo, creo que las teorías queer2 no tienen que ver estrictamente con Estados Unidos ni con Europa más allá de que existen emergencias y etiquetas asociadas a determinados momentos, me parece interesante pensar las apariciones de pensamiento sexo-disidente como parte de un sistema-red contra hegemónico que no va de la mano de los límites de nación y lengua tal cual los conocemos. Tampoco pretendo pensar la teoría queer o la disidencia sexual desde perspectivas nacionalistas que defienden contextos locales.

5Ahora, ¿qué es la disidencia sexual? Hace poco en un texto que intentaba escribir, surgió la cuestión de cómo definir o si hay definición posible (Saxe, 2018). Por supuesto que hay múltiples recorridos de la idea de disidencias sexuales y debates y polémicas en torno la expresión. En esta deriva no me interesa construir una definición cerrada ni única ni estable. Disidencia sexual no es algo que funcione de forma estática y tenga una sola y única definición (o verdadera o jerárquicamente superior). Hace unos años que la palabra disidencias comenzó a popularizarse cada vez más (con por ejemplo los usos cada vez más habituales como “feminismos y disidencias” o “mujeres y disidencias”, sólo por mencionar dos ejemplos del caso argentino) y de una forma que muchas veces parecía simplemente un sinónimo de diversidad sexual. Aunque por momentos, y ante la masificación del uso de disidencias sexuales, terminan siendo palabras que a veces se superponen, me gustaría pensarlas como diferentes. En ese sentido, veo la diversidad sexual como una noción más relacionada con políticas identitarias neoliberales y que forma parte de un sistema de normalización integracionista. En cambio, me interesa ver la disidencia sexual más como una forma de subvertir, de desobedecer las formas de normalidad y normalización. Para pensar esta complejidad (y potencialidad) de la subversión sexo-genérica en relación con el término en movimiento disidencias sexuales, quiero hacer un recorrido caótico e incompleto de apariciones o posibilidades del término que lo llevan por diferentes matices semánticos. Como en diferentes lecturas que he recorrido, me interesa fugarme de la definición única y cerrada, pensar de otro modo la posibilidad de las disidencias sexuales y la subversión sexo-genérica (Sola, 2013, p. 15).

6No se trata tampoco de construir una constelación completa de apariciones textuales de la disidencia sexual que piense cómo se ha ido conformando en el campo hispanoparlante, sólo busco situar algunas coordenadas y apariciones puntuales que tienen que ver con el archivo de lecturas incompleto, fracasado y caótico que aparece en mi propia trayectoria lectora pensada desde las disidencias sexo-genéricas. Por eso mismo no se pretende articular una noción de verdad, ni una definición única y cerrada. En todo caso, considero esto un intento fracasado (un fracaso cuir) incompleto que lo que intenta es más situar algunas apariciones en un aquí y ahora textual que piensa la disidencia sexual sin ubicarse en una definición única y cerrada, de ahí que no se realice un recorrido de la disidencia sexual exhaustivo.

7Esta serie de versiones de la disidencia sexual creo que puede construir en sí misma una constelación vinculada a la lectura torcida, que pretende articularse tanto desde una multidireccionalidad espacial y temporal como al caos en tanto modalidad de construcción de la red de apariciones. A continuación, me interesa explicitar esa constelación de apariciones, caótica e incompleta:

81) 1981. Gayle Rubin en un texto clásico, The Leather Menace Comments on Politics and S/M, usa la forma “Sexual dissenters” y la expresión “erotic dissidents” con un sentido similar al que luego va a tener disidencia sexual en el momento queer, una forma de disentir de la heterosexualidad obligatoria. En este caso, aunque Rubin no pretenda una definición de disidencia sexual, sus textos son uno de los antecedentes más relevantes del siglo XX para el pensamiento sexo-disidente.

92) 1982. En 2016 se edita en Buenos Aires Correspondencia del poeta, ensayista y teórico marica Néstor Perlongher (una compilación realizada por Cecilia Palmeiro), un libro que reúne una selección de cartas personales. En dos cartas en particular aparece la palabra disidencia. En la carta del 22/7/1982 usa el término para posiciones contrarias a un discurso oficial en determinados grupos, (“se trata de acallar la disidencia”, p. 48), más que nada para hablar de homofobia y corrección política en el contexto brasilero. Pero en una carta anterior (del 24/6/1982) usa el adjetivo “disidentes” para hablar de los “raros” de Buenos Aires: “(…) en Baires el raro era más identificable que de costumbre, y la cana caía sin asco en la casa de los cirqueros disidentes.” (p. 46). En este caso disidente podría aparecer como referencia a la subversión sexual, tal vez en algún punto una referencia adjetiva-paraguas que, en el caso de Perlongher, estaría incluyendo maricas de Buenos Aires a principio de los años ochenta.

103) 1984. Gayle Rubin vuelve a utilizar la idea de disidencia. En Thinking Sex. Notes for a Radical Theory of the Politics of Sexuality utiliza el término “dissident sexuality” como una forma de nombrar la sexualidad no heteronormada (2011 [1984], p. 180).

114) 1991. Sexual Dissidence: Augustine to Wilde, Freud to Foucault de Jonathan Dollimore, un libro que forma parte la constelación de textos que aparecen con la etiqueta que luego se va a llamar teoría queer, también constituye un aporte sobre la idea de disidencia sexual. Se trata de un libro de análisis teórico sobre literatura (por ejemplo, se menciona el célebre encuentro entre André Gide y Oscar Wilde en Angiers como un punto nodal para pensar dos visiones de la transgresión sexual en la literatura). Este libro, que ya desde el título está haciendo alusión a la disidencia sexual, es un ejemplo de cómo la noción ya aparecía en el contexto del momento queer estadounidense de principio de los noventa. El libro se ubica en la intersección de distintos campos disciplinares: feminismos, estudios literarios, “lesbian and gay studies” (Dollimore, 1999 [1991], p. 21). Para Dollimore la disidencia tiene que ver con un tipo de resistencia vinculada al género y a la oposición a la norma dominante, en una línea similar a otras variantes más recientes del siglo XXI. En particular Dollimore indica:

Several interrelated issues recur, two especially: one is the complex, often violent, sometimes murderous dialectic between dominant and subordinate cultures, groups, and identities; the other concerns those conceptions of self, desire, and transgression which figure in the language, ideologies, and cultures of domination, and in the diverse kinds of resistance to it. One kind of resistance, operating in terms of gender, repeatedly unsettles the very opposition between the dominant and the subordinate. I call this sexual dissidence. The literature, histories, and subcultures of sexual dissidence, though largely absent from current debates (literary, psychoanalytic, and cultural), prove remarkably illuminating for them (Dollimore, 1999 [1991], p. 21).

125) 1995. En el contexto de aparición de la etiqueta teoría queer en Estados Unidos, en el libro Sex Wars. Sexual Dissent and Political Culture ya aparece el uso de disidencia sexual como parte de una constelación de categorías utilizadas en ese contexto. En ese libro en particular Lisa Duggan y Nand D. Hunter señalan respecto a la disidencia sexual:

The specific political tool that we have worked to forge throughout the essays in this volume is the concept of sexual dissent, a concept that invokes a unity of speech, politics and practices, and forges a connection among sexual expressions, oppositional politics, and claims to public space. Because sexual representations construct identities (they do not merely reflect preexisting ones), restriction and regulation of sexual expression is a form of political repression aimed at sexual minorities and gender nonconformists. This is abundantly clear in conservative attacks on the arts that define homoeroticism as “obscene,” and in antigay campaigns that attempt to restrict the “promotion” or “advocacy” of homosexuality in safe-sex materials or in schools. What the right wing wishes to eliminate is our power to invent and represent ourselves, and to define and redefine our politics. They know our public sexual expression is political, and that is how we must defend it. Rather than invoking fixed, natural identities and asking only for privacy or an end to discrimination, we must expand our right to public sexual dissent. This is the path of access to public discourse and political representation (Duggan y Hunter, 2006 [1995], p. 5).

13Duggan y Hunter toman su definición de disidencia sexual de los usos del término que realiza Gayle Rubin en varios de sus textos. Vinculan sus usos de “sexual dissidents” directamente con término usados por Gayle Rubin como “sexual dissenters,” “erotic dissidents,” “sexual dissidents” y “dissident sexuality” (2006 [1995], p. 319).

146) 2001. En el libro Fiestas, baños y exilios. Los gays porteños en la última dictadura Flavio Rapisardi y Alejandro Modarelli utilizan el concepto de disidente sexual (2001, p. 33) o la forma “divergentes sexuales” (2001, p. 131) para referirse a las sexualidades maricas homosexuales en su estudio sobre la homosexualidad masculina en la dictadura en el contexto argentino de los años setenta. Este es un libro importante para los estudios sobre disidencia sexual en el nodo rioplatense.

157) 2006. En el libro colectivo Disidencia sexual e identidades sexuales y genéricas (editado en México) se hace referencia a un encuentro que utilizó la expresión disidencia sexual en su título. En ese libro Salinas Hernández menciona el concepto de disidencia sexual como “reivindicativo y político” (Salinas Hernández, 2006, p. 23).

168) 2008. En México se publica el libro Políticas de disidencia sexual en México de Héctor Salinas Hernández, cuyo uso de disidencia sexual se asimila más a una especie de equivalente de “movimiento lésbico-gay-bisexual-transexual-transgénero y travesti”. Este autor indica que esa expresión tiene problemas por una cuestión de extensión y porque deja afuera lo que él denomina “expresiones de comportamiento”. Entonces su propuesta es utilizar “movimiento de disidencia sexual”, con lo que pretende hacer alusión a “todos los actores, organismos civiles e incluso movimientos relacionados con cualquier actividad, preferencia, identidad u orientación sexo-genérica distinta a la establecida por la norma heterosexual” (Salinas Hernández, 2008, p. 19).

179) 2008. En el texto “Potencia Tortillera: un palimpsesto de la perturbación” val flores (que utiliza la noción de “disidencia sexual” desde textos como Notas lesbianas. Reflexiones desde la disidencia sexual de 2005) pone en juego una modalidad de disidencia sexo-genérica en un contexto situado que piensa las diferencias de la disidencia sexual con nociones como diversidad sexual y minorías sexuales. Me interesa citar su uso del término:

El término disidencia sexual alude a pensar acerca de la diferencia sexual no en términos de identidades naturalizadas sino como una forma de disenso, entendido no simplemente como habla, sino como una constelación de prácticas, expresiones y creencias no conformistas. Al nombrarnos disidentes sexuales se destaca la existencia de una norma de la cual nos desplazamos o alejamos. Los conceptos que, desde una política liberal, se ponen en juego en el escenario político como diversidad sexual y/o minorías sexuales ocultan que las identidades sexuales y de género son los efectos de una norma que establece los modos adecuados y legítimos de vivir los cuerpos, los placeres y afectos. Tanto diversidad como minorías (que habitualmente no es una referencia deleuziana, a partir de la cual se considera a la minoría como índice revolucionario) suelen despolitizar los procesos de normalización de los cuerpos que se efectúan a través de las tecnologías de género (flores, 2008, p. 2).

1810) 2009. Carlos Figari utiliza la noción de “eróticas disidentes” en el libro Eróticas de la disidencia en América Latina. Brasil, siglos XVII al XX. El uso de Figari no tendría vínculo con las variantes del término utilizadas (en otro momento y contexto) por Gayle Rubin. En el libro se definen algunas coordenadas más precisas sobre el uso que se pretende dar a la expresión:

“Eróticas disidentes”, no será, entonces, simplemente la reconstrucción del funcionamiento de prácticas reguladas en cada contexto de producción espaciotemporal, pues ello, como mencioné, resulta imposible. El punto de partida es mi (yo)/nuestra (hoy) mirada. Funcionará así como una categoría semántica “puente”, vacía de significado, pero anafórica, indicativa, susceptible de comprender una dispersión de fenómenos que nos permitan relacionar contextos tempo-espaciales diferenciados. La categoría referencial es siempre la heterosexualidad obligatoria – y lógicamente su exterior constitutivo – en el sentido que adquiere en la cultura occidental moderna (Figari, 2009, p. 17).

1911) 2011. En los textos del libro Por un Feminismo sin Mujeres (editado por la CUDS-Coordinadora Universitaria por la Disidencia Sexual) se utiliza la noción de disidencia sexual en varias zonas textuales. Además de ser un término reivindicado por el activismo (utilizado en el nombre mismo de la CUDS), en uno de los textos del libro, Felipe Rivas San Martín en una nota al pie refiere al término:

La “Disidencia Sexual” corresponde al nombre bajo el que se articulan una serie de prácticas políticas, estéticas y críticas recientes y de gran intensidad, que han generado un quiebre con respecto a las formas tradicionales de la política homosexual chilena. Está conformada por una serie de colectivos, espacios artísticos y expresiones críticas como son: el colectivo EXPASIVA: red de pensamiento desviado, la CUDS (Coordinadora Universitaria por la Disidencia Sexual), el colectivo Garçons, la revista Planeta Z de Concepción, la semana de la Disidencia Sexual de Valparaíso, las performancistas “Hija de Perra, Perdida e Irina la Loca”, el sitio web Mundo Paralelo TV, el programa radial Gatas en Fuga, sumado a algunos grupos en Temuco y Concepción (Rivas, 2011, p. 74).

2012) 2012. En uno de los textos del libro-catálogo de la exposición Perder la forma humana. Una imagen sísmica de los años ochenta en América Latina (2012, p. 92) Fernando Davis y Halim Badawi utilizan la noción de desobediencia sexual, que podría en algunas trayectorias emparentarse con disidencia sexual (o divergencia sexual también). No es exactamente la misma y no ha tenido la mediatización de disidencia sexual pero en algunos contextos también aparece vinculado o superpuesto con disidencia.

2113) 2013. En el libro Interruqciones. ensayos de poética activista. escritura, política, pedagogía, que considero personalmente muy importante como lectura que me abrió la posibilidad de pensar otras modalidades de mi propia subjetividad sexo-disidente, val flores refiere en varias zonas textuales cuestiones vinculadas a la disidencia sexual. Señala por ejemplo que:

La disidencia sexual es la denominación política y crítica que incorpora la teoría queer/cuir como parte de su aparataje conceptual para el análisis de las políticas sexuales y del activismo sexual, que no necesaria o exclusivamente toman la identidad sexual y de género como fuerza motriz de la acción política. (…) La disidencia sexual es un emplazamiento estratégico que marca cierto distanciamiento de los discursos, prácticas y estrategias de los movimientos homosexuales más tradicionales, cuya política se ve hegemonizada por la centralidad del Estado como único interlocutor y gestor de demandas, una agenda liberal que tiende a reclamos normalizadores o asimilacionistas como el matrimonio gay y una política de representación articulada sobre identidades cerradas que sectorizan y aíslan las múltiples luchas por la autonomía corporal.

Forma singular, móvil y mudable de práctica teórico-política-estética de resistencia y desobediencia, la disidencia sexual supone un cuestionamiento de la ortodoxia homosexual y feminista, siempre relativas y dependientes de los lugares donde se sitúe el sujeto de su afirmación, de su locus de enunciación (flores, 2013, p. 37-38).

2214) 2015. Ezequiel Lozano en Sexualidades disidentes en el teatro. Buenos Aires, años 60 vuelve sobre la distinción entre diversidad y disidencia sexual. Para Lozano la sexualidad humana puede ser diversa y la heterosexualidad forma parte como una variante que resulta la matriz hegemónica y dominante (Lozano, 2015, p. 13). En este libro las sexualidades disidentes no formarían parte de esa matriz: “Disidencia es un término que plantea una posición relativa a un contexto determinado y, por lo tanto, su sentido se establece en virtud de su posición de combate hacia la heteronorma” (Lozano, 2015, p. 13-14). También señala que el término no es nuevo (marca usos anteriores de Salinas Hernández y Figari) pero marca que las versiones actuales serían una forma diferente de pensar la disidencia sexual.

2315) 2016. En el texto de Gabriela González Ortuño, “Teorías de la disidencia sexual: de contextos populares a usos elitistas. La teoría queer en América latina frente a las y los pensadores de disidencia sexogenérica”, vinculado a los usos latinoamericanos de la teoría queer, aparece la expresión “teorías de la disidencia sexual” más que nada como una suerte de referencia a la teoría queer estadounidense y sus usos en América Latina.

24Me quedan dos apariciones más para terminar con la constelación. Han quedado como últimas versiones porque considero que son dos casos que sintetizan mi propia versión de la disidencia sexo-genérica. El primer caso es de val flores, que en 2018 publica en Pedagogías Transgresoras II un ensayo titulado “Esporas de indisciplina. Pedagogías trastornadas y metodologías queer”. En ese texto vuelve sobre algunas cuestiones vinculadas a las teorías queer y la disidencia sexual, en particular en el apartado “¿Disidencia sexual vs lo queer? (Im)procedencias críticas” flores se pregunta por el vínculo o separación entre queer y disidencia sexual y por algunos de los significados de disidencia sexual:

Disidencia sexual significa para mí un modo de interpretación, de acción política y de intervención crítica que está en permanente análisis y conflicto de cómo se constituyen y actúan las políticas sexuales en relación a las políticas económicas, culturales, sociales, educativas; busca discernir cómo opera lo sexual en el cruce de todos estos campos para activar disensos, interrupciones, disonancias. La disidencia sexual no necesariamente se articula alrededor de una identidad, sino de la crítica a las normas sexuales, formulando preguntas convulsivas que desbordan los libretos sociales, prendadas por los huecos de las leyes, discursos y prácticas donde quedan alojadas las sombras de lo residual y lo desintegrado, lo inconexo y lo vagabundo, lo divergente y lo refractario, que expresan malestar y desencaje, contrasentidos e incertidumbres (flores, 2018, p. 154).

25La disidencia sexual en la versión 2018 de val flores no se trata de una certeza ni una seguridad ni una construcción de legitimidad o jerarquías. Más bien sería una forma de “incomodidad” frente a ciertos lugares de lo que flores denomina “una economía afectiva heteronormativa”. En un punto, quizás la disidencia sexual podría estar más pensada como una modalidad del fracaso (o no-éxito) al menos para lo que se puede considerar no exitoso en un sistema cisheteropatriarcal (Halberstam, 2011). El segundo caso (y última aparición de toda esta serie-constelación, que vuelvo a señalar, no pretende ser un recorrido exhaustivo, sólo se trata de una deriva lectora personal que creo que constituye una forma de mirar la lectura como una posibilidad sexo-disidente) se vincula con un libro que me resultó muy interesante (que se sitúa entre el activismo, la reflexión teórica y el ensayo, entre otras posibilidades textuales) #SoyPuto (2015) de Josecarlo Henríquez Silva. En una nota al pie encontré su versión, personal, subjetiva, literaria, de la disidencia sexual. Y me interpeló algo de ese texto y me pareció una versión de la disidencia sexual a la que me gustaría adherir (junto a la anterior de val flores):

La disidencia sexual es para mí un ejercicio, una forma de deformar las cosas. Pensar al revés el mundo y desobedecer cada orden que otro te indica. Cuestionarse hasta unx mismx, mis gustos, mis odios, mis deseos y sospechar de lo que me rodea. Saber odiar y saber fracasar, pero siempre mejor. Mirarme el cuerpo y desarmarlo, darle nuevos sentidos a mis órganos y desorganizar lo que alguna vez aprendí en el colegio sobre el cuerpo humano. No ser humano, no creer en el género, desaprender el romanticismo, imaginar nuevas formas de afecto de la memoria y de la propia biografía. Pensar mis sucias ganas como una pulsión que puede ser política y hasta subversiva. Creer en el disenso y no en el consenso. Difuminar ese límite binario entre realidad y ficción, travestir el habla también de feminismos. Atentar contra la sexualidad que conocemos. Sin estado, sin legalidad. La disidencia sexual es para mí un deseo de anarquismo sexual post-humano. Es un escribir de cierta manera, de nutrirse de referentes, de mostrar el cuerpo, politizar la letra, de infiltrar teoría encarnada. Llenarse y contaminarse de escrituras corporizadas que nos entregan un lugar, que nos permiten hacernos de un cuerpo para luego quizás destruir (Henríquez Silva, 2015, p. 119).

26Esas textualidades me gustaría que fueran los lugares desde donde intento como marica (en una versión personal y subjetiva de mi voz marica) construir una modalidad de enunciación y de deriva textual lectora (y marica). En particular estas dos apariciones de la constelación son parte de mi propia deriva textual con la que pienso y me inscribo en la disidencia sexual, casi como una genealogía de recorridos asociados a la lectura y la trayectoria personal y subjetiva de mi ser marica en un aquí y ahora.

27Entonces, me gustaría pensar la disidencia sexual como una forma de subversión de los órdenes cisheteronormados patriarcales, algo que escapa y muta constantemente e imposibilita la definición única, jerárquica y cerrada, ya que entra en relación con la idea de versión y con el lugar desde el que enunciamos esa “versión” posible y situada de la disidencia sexual. En ese sentido, la pienso como una modalidad sexo-subversiva de confrontar la normalidad y lo normal como ficciones disciplinadoras y represivas del régimen heterosexual. ¿Se puede definir la disidencia sexual? No creo que haya respuesta única para esa pregunta (Rubino, 2019). O me gustaría pensar siempre un aquí y ahora de la versión sexo-disidente que estemos utilizando, que se mueve como un derrame tóxico por todas las zonas textuales, materiales y corporales. Por eso, no quiero definir de forma cerrada, más bien me gustaría fugarme y pensar resistencias, confrontaciones, lecturas torcidas, archivos de lecturas colectivas y personales y multidireccionalidad. Porque me gustaría pensar mi versión de la disidencia sexual como un modo del fracaso (cuir) relacionado con la construcción de una voz propia, una lengua y una enunciación propias y sexo-disidentes, en algún sentido, el intento de construir una praxis vital, lectora y política por fuera de la heteronorma.

Tercera deriva: aproximaciones

28Para cerrar este texto, de forma momentánea en este aquí y ahora, creo que la posición de val flores (siguiendo los desarrollos de Halberstam) de pensar la disidencia sexual como “una multitud de dinámicas metodológicas carroñeras” (flores, 2018, p. 55) puede ser la versión de la disidencia sexual que nos interpela en este momento. Me interesa, en ese sentido, pensar la disidencia sexual como una modalidad sexo-subversiva fluida, tóxica, contaminante, en contradicción y tensión, “carroñera” de todo lo que un sistema heteronormado pretende borrar, invisibilizar o exterminar. Nada de esto se pretende como una verdad ni como una definición, es una deriva, un viaje personal, un desvío del camino indicado por el horizonte de la corrección política. Mi lectura desde la disidencia sexual la pienso como una forma creativa de construir un archivo del caos personal, subjetivo, marica, anal, contra-vital y subversivo tanto en la lectura como en la escritura. Por supuesto, todo esto es sólo una forma, una versión para pensar la disidencia sexual como un sistema de disturbios sexo-subversivos-contra-vitales-anales, un sistema que tensiona y confronta la direccionalidad norte-sur y la normalidad social, científica y escritural-lectora. Esta cartografía incompleta, esta constelación multidireccional de versiones de la disidencia sexual me interesó para justamente pensar la disidencia sexual como un sistema de disturbios (en este caso textuales) con apariciones que no son nuevas sino que forman parte de un sistema contra-hegemónico de producción de conocimiento, donde la idea de un pensamiento sexo-disidente es una forma de la rebelión, del disturbio como forma de resistencia contra el cisheteropatriarcado.

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Notes

1 Mi identificación y enunciación como marica no pretende construirse como universal ni colectiva, es una identificación personal, situada en un aquí y ahora subjetivo y que no pretende hablar en nombre de un colectivo marica.

2 Tampoco se pretende sistematizar una traducción de lo queer, ya que este ensayo no pretende ubicarse en torno a las apariciones y recorridos críticos de lo queer en América Latina. El recorte de este ensayo no da cuenta de todas las posibilidades, sino simplemente de una trayectoria asociada a un archivo caótico de lecturas que es un recorte momentáneo y posible para pensar algunas coordenadas situadas de las disidencias sexuales.

Pour citer ce document

Facundo Saxe, «Un archivo de disturbios sexo-subversivos-anales-contra-vitales: derivas teóricas hacia una cartografía posible y multidireccional de la categoría disidencias sexuales», Sociocriticism [En ligne], XXXV 1, 2020, , 2020, mis à jour le : 27/06/2020, URL : http://revues.univ-tlse2.fr/sociocriticism/index.php?id=2878.

Quelques mots à propos de :  Facundo Saxe

Facundo Saxe es Profesor y Doctor en Letras por las Universidad Nacional de La Plata, Investigador Asistente de CONICET con lugar de trabajo en el Centro Interdisciplinario de Investigaciones en Género (CInIG-IdIHCS). Profesor adjunto de Literatura alemana en la FaHCE-UNLP y docente a cargo del seminario de grado “Teorías queer”.